Ataque de Pánico - Clinica Clipsa

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Ataque de Pánico

Cuando nuestro organismo se enfrenta a una situación exterior o una sensación corporal que por aprendizaje juzgamos como peligrosa, a veces tenemos un pensamiento catastrófico (ej.: “va a pasar tal cosa”). En ese momento nuestro cerebro manda una señal a nuestro Sistema Nervioso Autónomo (SNA), el cual inmediatamente se activará y se acelerará, mostrando respuestas fisiológicas típicas como sudar, tener palpitaciones, etc.

Fisiología de los ataques de pánico

Cuando nuestro organismo se enfrenta a una situación exterior o una sensación corporal que por aprendizaje juzgamos como peligrosa, a veces tenemos un pensamiento catastrófico (ej.: “va a pasar tal cosa”). En ese momento nuestro cerebro manda una señal a nuestro Sistema Nervioso Autónomo (SNA), el cual inmediatamente se activará y se acelerará, mostrando respuestas fisiológicas típicas como sudar, tener palpitaciones, etc.

El SNA tiene como una de sus misiones prioritarias preparar a nuestro organismo para afrontar situaciones potencialmente peligrosas o difíciles. En este sentido, es una función de supervivencia grabada genéticamente. Prepara a nuestro organismo para luchar contra el peligro o para huir de él, por lo que los cambios que notamos en nuestro cuerpo (aceleración del pulso, aumento de la temperatura corporal, etc.) tienen como fin prepararnos para este objetivo.

El SNA. está formado por dos subsistemas, el Sistema Nervioso Simpático (SNS) y el Sistema Nervioso Parasimpático (SNP). Ambos son complementarios y antagonistas (contrarios): El SNS. activa el organismo y el SNP, por el contrario, lo desactiva o “relaja”. Por ello, una respuesta de ansiedad o pánico no puede durar demasiado tiempo pues tan pronto como el SNS se acelera, el SNP finalmente se encargará de refrenarlo.

Cuando el cerebro envía su mensaje al SNA, éste activa el SNS dando una orden a las glándulas suprarrenales que inyectan adrenalina y noradrenalina en la sangre. Estas sustancias actúan de mensajeros químicos acelerando todo nuestro organismo. Por ello notamos tantas sensaciones distintas, ya que nuestro organismo no se activa por partes, sino todo a la vez. No obstante, recuerda que al mismo tiempo, gracias al el SNP, aparecen también ciertas sustancias que neutralizan la adrenalina y la noradrenalina, rebajando la activación de nuestro SNA, y haciendo que el ataque no dure mucho. En este sentido, la ansiedad no es peligrosa, no te puede pasar nada malo por estar ansioso: eso sí, es incómoda y desagradable. Una vez el sistema ha vuelto a la normalidad, podemos sentirnos muy cansados, tener dolor de cabeza o de espalda, etc.

Es normal que aparezcan este tipo de sensaciones debido a que nuestro organismo ha consumido mucha energía y hemos tensado la musculatura. Hiperventilación: En una proporción significativa de personas con pánico, aparece otro fenómeno fisiológico que complica las cosas, la hiperventilación. Como parte de la respuesta fisiológica normal y adaptativa, ante una situación de peligro, el ritmo respiratorio se acelera involuntariamente para enviar oxígeno extra a todo el organismo que, recordemos, se dispone a correr (huir) o a luchar. No obstante, cuando se está teniendo un ataque de pánico (respuesta desadaptativa), caemos en un estado de hiperventilación: hay mucho más oxígeno del que necesitamos y podemos usar, reduciéndose a su vez el nivel de dióxido de carbono. El resultado es que aumenta el nivel de alcalinidad de la sangre (ph) y desciende la presión arterial, apareciendo sensaciones tan desagradables como debilidad, palpitaciones, taquicardia, dolor en la región precordial (en el pecho), mareos, visión borrosa, sensación de irrealidad, sensación de falta de aire, ahogo, boca seca, dolor de estómago, rigidez y dolor muscular, temblores y calambres. En algunos casos, la hiperventilación involuntaria se ve aumentada por otra voluntaria. Como uno de los efectos de la hiperventilación es notar, paradójicamente, ahogo (a pesar de que la hiperventilación es el estado opuesto), la persona intenta respirar más, o más profundamente, lo que empeora todavía más la situación.

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